Imagen de Libros y Lanzas (Manuel Fuentes) construida sobre «Theatrum Orbis Terrarum» de Abraham Ortelius

Hacia el s.XVII, los cronistas españoles describían América como un paraíso del cítrico, con «montañas y bosques de naranjales». Pero, ¿cómo llegó al continente la fruta más famosa de España y por qué su rápida difusión?

¿Marca España?

Si en España hay una fruta que destaca por su calidad, abundancia y tradición, esa es la naranja. Cultivada desde hace milenios al sur de China y posteriormente difundida por todo Oriente, la naranja llegó a Europa hacia el s.VIII de manos de los árabes a su llegada a la Península Ibérica. Pero el tipo de naranja que tenemos en mente, dista mucho de aquellas primeras. El árbol primaba por encima del fruto (por entonces muy agrio), destacándose su valor decorativo y el potencial aromático del azahar que a día de hoy seguimos disfrutando en muchas de nuestras calles. No será hasta el s.XVI cuando la variedad dulce entre en España.

«Físico preparando un elixir». Miniatura en folio del manuscrito «Materia Médica de Dioscórides». Metropolitan Museum of Art New York. s.XIII

¿Cómo llegó la naranja a América?

Es Fray Bartolomé de Las Casas quien relata que, en su segundo viaje, Colón llevó consigo alguna que otra semilla de cítricos recogidas en Canarias que sembró en La Española y La Isabela: «Lo mismo de las pepitas y simientes de naranjos, limones y cidras, melones y de toda hortaliza» (De Las Casas, 1552). Apenas se conoce mucho más de aquello, tan sólo que pudieron sembrarse cerca de la ensenada de Puerto Gracia y que se trata del primer testimonio que da fe de la llegada de cítricos del Viejo Mundo a América.

Cristóbal Colón

Las primeras semillas de naranja llegaron a América de la mano de Colón en su segundo viaje, aunque el hito más curioso fue la fortuita siembra de Bernal Díaz en Yucatán

Pero el aporte más interesante nos los da Bernal Díaz del Castillo, quien acompañó a Hernán Cortés en su aventura Mexicana y a la postre dejó testimonio. En su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España narra –a pesar de haberlo tachado a posteriori- todo un hito en la historia de la agricultura mexicana. Prácticamente una serendipia acontecida en las tierras habidas entre el río Tonalá y Coatzacoalcos. Comenta Bernal Díaz que, hacia 1518, embarcado en la expedición de Juan de Grijalva por el Yucatán: «yo sembré unas pepitas de naranja junto a otra casas de ídolos… que había traído de Cuba… y nacieron muy bien, porque los papas (sacerdotes) de aquellos ídolos los beneficiaban y regaban y limpiaban desque vieron que eran plantas diferentes de las suyas; de allí se hicieron de naranjos toda aquella provincia«.

El bosque de las naranjas

La difusión de la naranja por el Nuevo Continente fue tremenda, se extendió a la par que el poblamiento. Hacia 1552, López de Gómara atestiguaba que ya había llegado la variedad de «çumo». Y en 1588 el jesuita José de Acosta, llegado al Perú en 1572, recogía sorprendido en su De natura novi orbis la simbiosis natural con la que se topó en el antiguo Incario: «los árboles que más generalmente se han dado allá y con más abundancia, son naranjos… y frutas de este linaje. Hay ya en algunas partes, montañas y bosques de naranjales«.

Varios jesuitas atestiguaron que para el s.XVII en América se encontraban auténticas «montañas y bosques de naranjales»

Otro jesuita, Bernabé Cobo (1653), dará fe de «las grandes montañas y bosques… de naranjos… y árboles de este género» y asegurará que dichas plantas crecían sin intervención humana, «naciendo en lugares desiertos e incultos como si fueran árboles silvestres«. Asimismo, el clérigo se sorprendía de la formidable adaptación del naranjo al Nuevo Mundo y de su excelente fecundidad: «he visto no pocas veces estar cubierto de flor un naranjo y cargado de naranjas maduras, y con gran copia de otras verdes».

Un cultivo mundial

Este último punto alcanza su zénit en Florida, descubierta en 1513 por Juan Ponce de León y poblada seriamente en 1565 por Pedro Méndez de Avilés con la fundación de San Agustín. Al albur de una climatología favorable y un suelo rico, Florida se ha convertido en la segunda productora mundial de naranjas, (tan sólo superada por Brasil) y es imposible desligar la imagen de la región norteamericana de las semillas que un día llegaron, sin mucha importancia, de la mano de Colón.

El verdadero hito de la llegada de la naranja a América lo marca la trascendencia que a día de hoy tiene esta fruta en el continente, en especial en la región de Florida

Aquella fértil difusión, amparada en el poder de la naturaleza y los huertecillos de campesinos, frailes y misioneros, terminaron llevando el cítrico más famoso de España por toda América. La naranja pasó de ser una rareza foránea a un alimento cotidiano en la dieta americana, y su cultivo, una variedad más dentro de los múltiples frutales de vocación urbanística, de autoconsumo y exportación.

Serendipia o intención, el acierto de los pobladores españoles fue pleno por dejar una huella imborrable de la que aún hoy podemos sorprendernos.


Bibliografía:

-Acosta, José de. (1590). Historia natural y moral de las Indias.

-Cobo, Bernabé. (1956). Historia del Nuevo Mundo.

-Díaz del Castillo, Bernal. (1900). Historia verdadera de la conquista de la Nueva España.

-Martínez, José Luis. (1990) Hernán Cortés.

-Zaragoza Adriaensens, Salvador. (2015). Introducción y difusión de los cítricos en América. Visto en «Levante Agrícola»

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