«Toda necesidad tiene un ego que alimentar»

Pimpers Paradise, Bob Marley

Brazzaville. Capital de la República del Congo. Es una ciudad ubicada al sureste de este país africano, bañada por el caudaloso río Congo.

En la otra orilla, Kinshasa (la antigua Leopoldville), capital a su vez de la República Democrática del Congo.

Pero centrémonos en Brazzaville. Es el principal centro neurálgico, administrativo y financiero del país. Con casi un millón y medio de habitantes, concentra un tercio de la población congoleña total.

Sencillo mapa político de la República del Congo, con el río Congo y el oceáno Atlántico representados en color azul.

La República del Congo es actualmente un país en vías de desarrollo. La mayoría de su población vive de la agricultura de subsistencia y de la artesanía, mientras que el principal motor de la economía nacional es la exportación de petróleo, hidrocarburos y maderaGas natural, metales como el cobre, elementos químicos como el uranio, zinc, fosfato o hidróxido de potasio, tabaco, cemento, jabones, mercancías textiles, café o licores son otros productos que también poseen un gran peso en el Producto Interior Bruto del país.

Pero a pesar de tener tantos recursos naturales e industriales, la República del Congo es uno de los países más pobres del mundo. Tiene muy poca aguatasas de paro exageradamente elevadassalarios muy bajos y prácticamente ningún servicio social está asegurado, más allá de la caridad de personas bien posicionadas, ONG o instituciones religiosas.

La pobreza extrema en la República del Congo afecta actualmente a más del 46% de la población, y la tasa de desempleo oscilaba en torno al 53% al finalizar 2012.

Pero hay un extravagante grupo social que destaca en medio de toda esta miseria y precariedad económica: los dandis del Congo.

Tres dandis del Congo posan con sus trajes para la fotografía. La cámara consigue captar perfectamente el duro contraste entre el lujo de sus ropas y el lugar donde se encuentran.

Los dandis son un curioso estrato social (siempre masculino) que pueden llegar a pedir préstamos bancarios hasta por valor de ocho millones de francos congoleños (unos 4000 euros) para comprarse trajes y zapatos de marca y así destacar sobre los demás.

Estos elegantes caballeros poseen un estricto código de normas a la hora de vestirse: por ejemplo, está completamente prohibido combinar más de tres colores diferentes a la vez.

Trajes completos de marca auténticos (siendo los más habituales Kenzo, Emporio Armani, Givenchy, Canali, Neil Barrett, Gucci, Prada, Burberry o Yves Saint Laurent), combinados con lujosos zapatos de piel o cuero (Crockett & Jones o Weston), conforman el atuendo típico y diario de estos dandis.

Muchos dandis del Congo son también artistas callejeros que bailan, cantan o tocan algún instrumento musical por las calles de Brazzaville.

No obstante, y aunque pueda parecer todo lo contrario, el movimiento dandi está muy organizado, incluso políticamente. Todos ellos forman la SAPE: «Société des Ambianceurs et des Personnes Élégantes«, en francés. (Sociedad de Animadores y Personas Elegantes, traducido literalmente al castellano).

Los integrantes de la SAPE (vulgarmente conocidos como sapeurs) conforman un grupo social caracterizado por su estilo y elegancia a la hora de vestir, así como por una intachable reputación moral con un modo de pensar y vivir la vida basado en los valores del pacifismo, la libertad individual, el laicismo, la inclusión social y la autosuperación.

Las razones de la existencia de los dandis del Congo y de la SAPE hay que buscarlas en la historia reciente de este país tropical.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los combatientes congoleños que lograron regresar con vida de la contienda trajeron consigo la última moda parisina a sus pueblos de origen. Al principio solían organizar pequeñas reuniones de amigos para charlar sobre política, economía o ropa y así poder lucir sus modelos.

Pero poco a poco se fue invitando a cada vez más gente a estas fiestas privadas, y lentamente el germen del dandismo fue instalándose entre la sociedad masculina. La creación de la SAPE era ya un hecho.

Durante la Guerra Fría, era habitual que los sucesivos dictadores fueran turnándose en el poder de lo que actualmente es la República del Congo, y tendían a utilizar el nacionalismo exacerbado y el rechazo hacia todo lo europeo como estandarte y arma arrojadiza para obtener el apoyo popular.

Es ahí donde interviene la figura del dandi como oposición a la dictadura y medio de defensa de la libertad de expresión. En una época en la que los tiranos imponían la obligación de llevar vestimentas tradicionales locales, los dandis contestaban luciendo su ropa europea por las calles.

Por lo tanto, la institución del dandismo crece unida a la reivindicación política de la libertad y a la lucha contra todo tipo de opresión. Por ejemplo, Pepa Wamba, uno de los músicos congoleños más famosos de los años sesenta, utilizó precisamente este método de canalización para oponerse a esa «vuelta a la autenticidad» que ordenaba el dictador Mobutu.

Muchas veces, el atuendo de los dandis recuerda al de aquellos caballeros belgas que colonizaron el Congo durante el siglo XIX: sombreros de copa, bombines, bastones, pipas o puros que suelen no fumar para que no se les gaste. Pueden recordarnos vagamente a la indumentaria que vestía el detective Hércules Poirot en las novelas de Agatha Christie, o al mismísimo Sherlock Holmes de Baker Street que inventó Sir Arthur Conan Doyle.

Los años ochenta supusieron un duro revés para el universo dandi, ya que tres guerras civiles sumamente devastadoras y consecutivas arrasaron la práctica totalidad del país.

Pero en la actualidad, este movimiento ha conseguido recuperarse y renacer de sus cenizas con más fuerza que nunca.

A pesar de la enorme popularidad social de la que gozan en su país, los dandis del Congo no son muy bien entendidos ni aceptados en el resto del mundo.

Ser un dandi conlleva muchos sacrificios. De entrada, en Brazzaville, por el valor que cuestan unos zapatos Weston o un traje completo de Emporio Armani, puedes comprar una vivienda familiar o unos pequeños terrenos para cultivar.

Los dandis a menudo recurren a grandes préstamos hipotecarios para financiar su lujo (corbatas, calcetines, relojes de pulsera…), llevando la miseria a sus familias, que se ven obligadas a bañarse en barreños o en el río Congo porque no disponen de agua corriente en sus casas.

Comen sobre todo harina de centeno, pan y arroz, y viven entre paredes llenas de grietas, polvo y suciedad, en los límites de la selva, rodeados de enfermedades infecciosas y de animales salvajes que pueden llegar a ser muy peligrosos.

Y por lo general, para que un padre de familia pueda llegar a convertirse en un buen dandi y ser aceptado en la SAPE, es habitual que sus hijos deban vestir pañales hasta la adolescencia por «no tener dinero» para comprarles ropa normal.

La desigualdad social que genera su existencia no supone ningún obstáculo para que los dandis del Congo sean considerados como héroes en Brazzaville. De hecho, cada vez que aparece uno por la calle o entra en un mercado, el resto de la población se aglomera para intentar verlo mejor o llegar a estrecharle la mano.

La SAPE organiza periódicamente reuniones de estos caballeros de la elegancia (como mínimo, una vez cada fin de semana), y en estas fiestas compiten por ver quién lleva la ropa y los accesorios más caros, elegantes y lujosos.

Toda la indumentaria deberá ser siempre auténtica y de marca; llevar falsificaciones supone la expulsión inmediata de la SAPE, y además, todos poseen un gran conocimiento sobre la moda, y advierten muy rápidamente cuándo tienen un impostor entre ellos.

Un dandi del Congo mostrando su traje blanco a su familia y desfilando como si se encontrara en una pasarela de moda.

Además, cada año organizan un concurso anual en el que se proclama al mejor dandi de toda la comunidad. Los mejores dandis se preparan a conciencia para esta competición, comprando los mejores trajes para exhibirlos ante los jueces. La recompensa para el ganador es una importante dotación económica y un viaje a París para obtener más y mejores modas europeas, así como la extraordinaria satisfacción personal y el prestigio social que ganar un título así conlleva.

También existe una ONG vinculada y creada por ellos: Dandis En Peligro, donde cualquiera que crea en la causa y quiera apoyar a este colorido movimiento puede realizar donaciones altruistas de dinero.

El dandismo constituye toda una filosofía y forma de vida para estos presumidos congoleños.

Aunque su forma de vestir pueda parecernos hortera y su conducta sea tan egoísta y clasista, para ser un buen dandi no hace falta recurrir a gastar grandes cantidades de dinero en coches o en ropa: una de las normas más básicas de la SAPE considera que la elegancia no está reñida con el elevado poder adquisitivo.

Los paraguas utilizados como bastón o sombrilla para protegerse de las inclemencias meteorológicas son también un tipo de complemento muy común entre los dandis del Congo.

Y aunque su existencia y excéntrico comportamiento puedan llegar a suponer todo un auténtico reto para la psicología humana, lo cierto es que toda esta historia también parece esconder una bonita moraleja: siéntete bien con lo que llevas, y sigue siempre tu propio estilo.

 

 

Fuente

Los dandis del Congo: un estallido de color entre la miseria. Pixelaco.