El término genocidio suele emplearse en muy diferentes ámbitos, sobre todo cuando nos referimos a acciones especialmente abominables llevadas a cabo por algún pueblo o gobierno. Pero, ¿de dónde proviene esta palabra? ¿En qué casos debe utilizarse? ¿Acaso hubo genocidio en la conquista española de América?

Niños en el campo de concentración de Auschwitz, en la Polonia ocupada por el III Reich

Una palabra que genera controversia

Durante la Segunda Guerra Mundial, quedó patente las atrocidades perpetradas por el III Reich alemán contra ciertos grupos como el pueblo judío, gitanos, homosexuales, discapacitados, eslavos, prisioneros de guerra, etc. Pero todavía no existía una palabra específica que designase a ese proceso sistemático e industrial llevado a cabo contra estos colectivos con el objetivo de erradicarlos de la faz de la Tierra. Los campos de concentración y sus crueles prácticas se convirtieron en la mayor expresión de la barbarie humana. En palabras del historiador israelí y experto en estudios sobre el Holocausto, Yehuda Bauer:

«Ocurrió algo sin precedentes, aterrador. Por primera vez en la sangrienta historia de la humanidad, en un Estado moderno, en el centro de un continente civilizado, se puso en marcha una decisión cuyo objetivo era localizar, registrar, marcar, aislar de su entorno, desposeer, humillar, concentrar, transportar y asesinar a cada uno de los miembros de un grupo étnico».

¿Pero quién creó este término? Su acuñación la debemos a Raphael Lemkin, judío polaco huido a Estados Unidos. La palabra genocidio procede del sustantivo griego genos (raza) y del sufijo latino cide (matar). Por tanto, según la Real Academia Española, se concluye que el genocidio es «el exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por raza, etnia, religión, política o nacionalidad«. Una definición que sigue generando amplios debates entre el público experto y no tan experto cuando se tratan temas muy controvertidos (colonialismo, matanzas indiscriminadas, regímenes dictatoriales, etc).

Raphael Lemkin

Trayectoria de Raphael Lemkin

Raphael Lemkin nació en 1900 en la localidad de Bezwodne, entonces perteneciente al Imperio ruso. Durante su trayectoria, hubo un evento que le marcó profundamente: el asesinato de Talat Pashá a manos de un joven armenio en Berlín el 15 de marzo de 1921. Para muchos, Pashá había sido el responsable de la muerte de alrededor de millón y medio de armenios dentro del Imperio otomano, en lo que más tarde se conocería como el «genocidio armenio«.

Lemkin se encontraba en aquel momento muy lejos de la capital alemana, pero el juicio llevado a cabo contra el asesino armenio y la revelación de las masacres orquestadas por el gobierno turco le conmocionaron de manera especial. Por esta razón, Lemkin decidió abandonar sus estudios de Lingüística para dedicarse plenamente al Derecho. En su autobiografía titulada Totalmente extraoficial, dejó entrever la siguiente reflexión:

«Me di cuenta de que el mundo debía adoptar una ley contra ese tipo de asesinatos raciales o religiosos«.

Así fue como dedicó sus esfuerzos para que el Derecho Internacional tipificara una ley que condenase este tipo de asesinatos en masa. Antes de acuñar la palabra genocidio, los designaba como «crímenes de barbarie» al considerarlos como acciones exterminadoras realizadas por motivos políticos y religiosos. En un documento que preparó para una conferencia de Derecho Penal en 1933 celebrada en Madrid a la que finalmente no pudo asistir, alegaría lo siguiente:

«Cuando una nación es destruida, no es la carga de un barco lo que es destruido, sino una parte sustancial de la humanidad, con toda una herencia espiritual que toda la humanidad comparte».

Al ser de origen judío, Lemkin tuvo problemas en su tierra natal al ser conquistada Polonia por el ejército alemán en 1939. Tras el colapso de Polonia debido a la invasión conjunta alemana y soviética, los judíos se convirtieron en uno de los objetivos principales. Pero Lemkin pudo escapar milagrosamente del oscuro destino que le acechaba. En cambio, sus padres acabaron sus días en el campo de concentración de Auschwitz. En total, 49 familiares de Lemkin perdieron la vida en el Holocausto.

Entrada al campo de concentración de Auschwitz con el lema: Arbeit Macht Frei (El trabajo os hará libres)

Ya establecido en Estados Unidos, Lemkin se dedicó a denunciar sin tapujos las brutalidades de los nazis mientras daba clases en la universidad de Duke, en Carolina del Norte. En una publicación de 1944 titulada El poder del Eje en la Europa ocupada apareció por primera vez el término genocidio. Aunque ya tenía la palabra para designar esa realidad, ahora era necesario que la justicia internacional juzgara ese tipo de crímenes.

Genocidio como crimen

En los Juicios de Núremberg celebrados entre noviembre de 1945 y octubre de 1946, fueron sentados en el banquillo algunos de los principales jerarcas nazis. Aunque durante este proceso judicial se utilizó la palabra genocidio, esta no aparecía escrita en ninguna parte de los 190 folios de la sentencia. Finalmente, los condenados lo fueron por crímenes contra la humanidad pero no por genocidio. Pese a esta ejemplar condena, Lemkin llegó a asegurar que fue el día más negro de su vida.

Aún así, en diciembre de 1946, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 96. En ella, se habló por primera vez de «crimen de genocidio» contemplado en la legislación internacional. Este tipo de crimen era entendido como «una negación del derecho de existencia a grupos humanos enteros, de la misma manera que el homicidio es la negación a un individuo humano del derecho a vivir».

Y como conclusión se añadió que «la Asamblea General afirma que el genocidio es un crimen del Derecho Internacional que el mundo civilizado condena y por el cual los autores y sus cómplices deberán ser castigados«. En 1948 la Convención para la Prevención y Sanción del delito de Genocidio fue aprobada por la ONU. Así mismo, la Corte Internacional de Justicia con sede en La Haya (Países Bajos) se encarga de juzgar los crímenes de genocidio. Después de un largo camino, por fin Lemkin había alcanzado su meta.

Palacio de la Paz, sede de la Corte Internacional de Justicia, en La Haya (Países Bajos)

¿En qué casos se debe emplear la palabra genocidio?

Como ya hemos visto, la palabra genocidio suele emplearse muy a menudo sobre todo cuando se exponen temas que han conllevado un gran número de víctimas a manos de un grupo determinado. Pero no todos los casos valen. El Holocausto llevado a cabo por los nazis y el genocidio armenio a manos de los otomanos son dos ejemplos muy claros, pues en ambos existía una clara intencionalidad de acabar con una minoría por parte de sus respectivos gobiernos. También encontramos episodios anteriores a estos hechos, como el genocidio cometido por los británicos en la isla de Tasmania durante la llamada Guerra negra. Pero por desgracia, no son los únicos.

El caso del régimen comunista de Pol Pot resulta llamativo pues algunos lo han llegado a calificar como «autogenocidio», ya que la mayoría de sus víctimas eran de la etnia jemer, la mayoritaria de Camboya. Más recientemente, a finales del siglo XX, encontramos el terrible evento del genocidio de Ruanda de los tutsi perpetrado por los hutu o el genocidio de Srebrenica en la guerra de Bosnia. En ciertos casos, como el Holodomor soviético de la década de los 30 del siglo XX o la hambruna irlandesa del siglo XIX, se generan opiniones encontradas entre los expertos, dividiéndose entre detractores y defensores del término genocidio para referirse a estos dramáticos hechos. El debate, no obstante, continúa.

El papel de Stalin durante el Holodomor suele ser motivo de fuerte controversia

¿Hubo genocidio en la conquista española de América?

Hay quienes emplean el término genocidio para referirse a hechos tales como la conquista de América llevada a cabo por los españoles entre los siglos XV y XVI, bien por desconocimiento o tal vez para llamar la atención. Sin por supuesto ocultar episodios violentos que efectivamente acontecieron durante dicho período como consecuencia del mismo proceso conquistador, nunca existió una intencionalidad por parte de las autoridades españolas en exterminar a las poblaciones indígenas de este continente. Más bien lo que se llevó a cabo fue una redacción de diferentes leyes con el objetivo de protegerles y reconocerlos como súbditos de pleno derecho al igual que los habitantes peninsulares. Sin embargo, estas leyes no siempre se respetaban debido a las enormes distancias existentes entre Europa y América. Otro aspecto importante que desmiente el carácter de genocidio de esta empresa, es el mestizaje que se impulsó y promovió entre españoles e indígenas.

Además hay que destacar que existieron tribus indígenas (tlaxcaltecas, totonacas, huancas, etc) que colaboraron activamente con conquistadores como Hernán Cortés o Francisco Pizarro por medio de alianzas para acabar con el poder de los mexicas o incas, respectivamente. Curiosamente dichas tribus conformaban el grueso del ejército conquistador, siendo el contingente español muy reducido. Otro hecho que suele ser olvidado por ciertos individuos es la gran mortalidad que hubo entre la población indígena no a causa de las acciones directas de los españoles, sino debida a su incapacidad inmunológica para hacer frente a enfermedades como la viruela, la gripe o el sarampión. Algo tampoco intencionado, pues en esa época se carecía por completo de los conocimientos referentes a la microbiología. Por tanto, debido a estas consideraciones, se puede concluir que la conquista española de América jamás tuvo un objetivo de genocidio, sin obviar episodios deleznables que sí ocurrieron.

Algunos no dudan en otorgar a la conquista española de América un carácter genocida, algo totalmente incorrecto si nos atenemos a la propia definición del término genocidio

Bibliografía

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