
La izquierda degenerada: Un nacionalismo sin nación, disponible en Amazon
En el ámbito de la política, la izquierda y la derecha nacieron en el comienzo de la Revolución Francesa, antes de que aparecieran los partidos políticos. Concretamente esos dos términos del vocabulario ordinario se politizaron con motivo de los debates que se produjeron a partir del 28 de agosto en la Asamblea Nacional francesa sobre el poder de veto legislativo que debía tener el rey. El día 29, cuando el debate alcanzó virulencia, los diputados, que hasta entonces se habían sentado aleatoriamente, comenzaron a agruparse ideológicamente: los partidarios de que el monarca tuviera el poder de un veto absoluto, nobles y clérigos mayoritariamente, se sentaron a la derecha del presidente de la Asamblea, una posición que tradicionalmente se ha considerado el lado de honor; los contrarios a la izquierda. El barón de Gauville (1750-1827) lo contó así en sus memorias: “Empezamos a reconocernos: los que eran fieles a su religión y al Rey se pusieron a la derecha del presidente, para evitar los gritos, las burlas y las indecencias que se daban en el lado opuesto” [Journal du baron de Gauville, París, 1864, p. 20]. A partir de ese momento, comenzó a referirse a la izquierda y la derecha. Pero fue la prensa la que popularizó ese nuevo significado al hablar de “derecha” e “izquierda”, para facilitar la comprensión de los lectores.

Louis Henri Charles de Gauville, teniente coronel de caballería, fue representante de la nobleza en los Estados Generales de 1789. Emigró en 1791. Regresó a Francia bajo el Consulado y se convirtió en recaudador de impuestos durante el Primer Imperio, luego en juez de paz y alcalde de Saint-Germain-en-Laye. Finalmente fue ascendido a mariscal de campo en 1815.

Desde el 9 de julio hasta el 6 de octubre de 1789,la Asamblea Nacional Francesa, llamada así desde el 19 de junio, se asentó en la Salle des États del Hôtel des Menus Plaisirs. Era un recinto de aproximadamente 50 metros de largo por 25 metros de ancho y 10 metros de altura, en el que cabían los casi 1.200 diputados, cuyos asientos se dispusieron en forma de herradura.
“Izquierda” y “derecha”, como los propios nombres indican, son conceptos relativos, indican una posición. De hecho, aquel debate revolucionario lo ganó la izquierda por amplia mayoría (673 a 325 votos), consiguiendo que el veto real fuera suspensivo, por dos legislaturas, un planteamiento que hoy sería considerado de extremísima derecha. Desde entonces “izquierda” y “derecha” han evolucionado mucho. En buena medida, podría decirse que la derecha ha ido izquierdizándose, hasta abandonar planteamientos como el del veto real, que hoy no defiende nadie. Pero sin convertirse en izquierda, porque esta ya ocupaba otra posición. La evolución ha sido tan grande que en las últimas décadas se ha cuestionado recurrentemente si tiene sentido seguir hablando de izquierda y derecha. Pero se siguen empleando masiva y ordinariamente porque siguen siendo categorías útiles; como escribió Norberto Bobbio, al estudiar la cuestión, “todos aquellos que los utilizan no dan en absoluto la impresión de usar palabras en balde porque se entienden muy bien entre sí” [Derecha e izquierda, Taurus, Madrid, 2014, edición de Kindle, p. 49]. Incluso si desapareciera completamente la derecha o la izquierda, la división seguiría teniendo sentido porque en la izquierda puede distinguirse una derecha y en la derecha una izquierda. Es más, esas derecha e izquierda son las que llamamos “izquierda” y “derecha” respectivamente, porque lo que hay más allá es la extrema izquierda y la extrema derecha, que tienen muchas veces más en común entre ellas, en su caso, que con la izquierda y la derecha (lo que se comprende mejor si se tiene en cuenta que el espectro político no es una recta, sino un círculo en el que el nazismo, cuyo partido se llamaba Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán y el comunismo están juntos en las antípodas del liberalismo, que, a su vez, es susceptible de dividirse en izquierda y derecha, porque, a mi modo de ver, es el centro).
Evidentemente, tanto la “izquierda” como la “derecha” son plurales (y no sólo en el tiempo); de otra manera, no necesitaríamos esos adjetivos para agruparlas (de hecho, en la izquierda hay una derecha y viceversa). La primera izquierda importante fue la jacobina, que muestra hasta qué punto se ha producido una evolución, particularmente en España. Como ha señalado Gabriel Tortella:
[Los jacobinos] querían liquidar lo que dio en llamarse el Antiguo régimen, con sus estamentos y grupos privilegiados, con sus diferencias regionales, y sus múltiples estatutos. Para los jacobinos, el progreso exigía crear una nación sin distingos ni barreras, donde predominaran la libertad y la igualdad, haciendo tabla rasa de las complejas divisiones estamentales y territoriales del Antiguo Régimen. […]
Pues bien, hoy el jacobinismo en España se sitúa en la llamada derecha, y la pretendida izquierda se ha tornado reaccionaria, cavernícola, partidaria de dividir la sociedad, por territorios, cada uno con sus diferentes derechos y sus estatutos que codifican singularidades y privilegios, a la manera de los fueros medievales (no en vano se habla todavía de territorios forales), también por sexos (o géneros, como se dice ahora con pudibundez léxica anglosajona), por minorías, religiones, sensibilidades, inclinaciones sexuales, culturas, y lo que se tercie. Se anima desde la izquierda al ciudadano a proclamarse miembro de una minoría y reclamar un fuero especial, muy probablemente con derecho a subvención. Lo que en la Francia revolucionaria era la Caverna hoy es la progresía. Y viceversa, hoy la derecha es jacobina. En estas condiciones, la izquierda topográfica prefiere no entrar en materias de filosofía política. Bartrina: «Si quieres ser feliz, como me dices, no analices, muchacho, no analices» [“Las derechas y la etiqueta de «fachas»”, El Mundo,12/04/2019. No obstante, hay que matizar que hoy hay en España una izquierda muy minoritaria que reivindica esa tradición. En julio de 2020, se fundó una asociación llamada El Jacobino, que impulsó la creación a finales de 2023 de Izquierda Española, un partido que en las elecciones al parlamento europeo consiguió 32.717 votos].

Entrada del Club de los Jacobinos en la calle Saint-Honoré, París. Los jacobinos no fueron todavía un partido sino una asociación de personas afines, Club, para defender un programa político (“todos los derechos para todos”, lo que les convirtió en muy centralistas). Recibieron el nombre por reunirse en el convento parisino de Saint-Jacques de los frailes dominicos, conocidos –por eso– como “jacobinos”. La fuga del rey (20 de junio) y su detención provocó la primera escisión: los partidarios de mantener la monarquía constitucional fundaron otro club (16 de julio de 1791), que por tener su sede finalmente en el convento de los monjes bernardos, también en la calle Saint-Honoré, recibieron el nombre de “Feuillants”, que era el que se daba a esos religiosos, cuya orden tenía su origen en Abadía de Notre-Dame-des-Feuillants, llamada así por la abundante vegetación que la rodeaba (hojas). Los nombres de otras facciones (clubes) también tuvieron unos orígenes parecidos: Los cordeliers, que fueron muy importantes, por reunirse en el convento de los franciscanos, famosos por tener un cordel por cinturón (sí se llamaba también la calle y el distrito donde se situaba); y los efímeros teatinos, un grupo monárquico menor, por tener su sede en el convento de la orden de los teatinos.
He escrito “primeraizquierda importante”, porque los jacobinos también tuvieron facciones a su izquierda, la más importante la de los cordeleros, que tuvieron, a su vez, su izquierda, los hebertistas. Y más a la izquierda aun se encontraban los enragés (rabiosos).

En el mismo club de los jacobinos se podía encontrar una derecha e izquierda. Fueron Mirabeau y otro líderes girondinos quienes fundaron el club de los jacobinos. Pero pronto fueron desplazados por Robespierre y sus secuaces, que terminaron llamándoles monárquicos y ejecutándolos. La diferencia entre unos y otros no fue tanto ideológica como de métodos admisibles y, más concretamente, el uso de la violencia. Algo parecido sucedió más de un siglo después con el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, que se dividió entre mencheviques y bolcheviques, que mintieron hasta en el nombre, pues no eran mayoritarios.
Después fue el socialismo que desplazó a la izquierda liberal –la más importante izquierda durante el siglo XIX– a la derecha.