Lejos de la creencia popular, importantes intelectuales alemanes respaldaron el ascenso del nacionalsocialismo y se mantuvieron cercanos al mismo.

Los antecedentes de una intelectualidad nacionalista

Alemania sabemos que fue, antes de su unificación, un gran cúmulo de Estados y Principados contrapuestos entre sí, férreos enemigos que solían enfrentarse y que estaban entre la esfera de influencia de Austria y Prusia. Pocas veces mostraron un sentimiento común, más allá del lenguaje, y en ocasiones como la ocupación napoleónica. Entender el desarrollo de su intelectualidad implica ahondar en su ideal nacional.

La Guerra austro-prusiana (1866) marca la hegemonía de Prusia sobre los Estados alemanes y, posteriormente, la Guerra franco-prusiana (1870-1871) supone la unificación de estos formándose, pues, el Imperio alemán.

Alemania, para 1914, todavía tenía poco tiempo de haberse unificado aunque ya se contaba entre un Imperio que superaba las riquezas del Reino Unido y de Francia, que había abandonado ya el proyecto de la Pequeña Alemania de Bismarck por la Gran Alemania —es decir, la realpolitik por la weltpolitik—.

Ese mismo año, habiéndose ya violado la neutralidad de Bélgica e iniciado la Primera Guerra Mundial, se logra apreciar el Manifiesto de los 93 donde intelectuales, artistas y científicos de todas las categorías firman a favor de las acciones militares de su patria.

Niegan que haya sido Alemania la nación causante de la guerra, así como también se reivindica al militarismo alemán como el mayor sostén de la civilización alemana. Muchos se arrepentirían posteriormente pero entre los firmantes se puede encontrar a von Baeyer, Foerster, von Behring, Fischer y un largo etcétera.

Pero podemos fijar este manifiesto como el prematuro indicio de una intelectualidad nacionalista, a pesar de que las entreguerras es el punto de referencia.

El yerno de Wagner

Uno de los influyentes antecesores, en lo referente a influencia ideológica, es Houston Stewart Chamberlain. De origen británico, se nacionaliza alemán y se hace un germanófilo que termina relacionándose con la hija menor de Richard Wagner, Eva Wagner.

Estudió en Dresde, hizo vida en Ginebra y residió por un tiempo en Viena. A finales del siglo XIX, o más en 1899, publica su obra Die Grundlagen des neunzehnten Jahrhunderts o Los fundamentos del siglo XIX.

Su obra es flagrantemente antisemita, como en su momento lo fueron Lagarde o Dühring —al que bien Engels, en 1878, le dedicaría el anti-Dühring— y en ella llama al triunfo de la raza alemana por encima de todos los judíos.

Tanto la derrota en la Primera Guerra Mundial, en donde su natal Inglaterra que tanto despreciaba salía también victoriosa, como el alzamiento de la República de Weimar son catalogadas por él como una victoria de los judíos. Su obra, sin duda, sería influyente para la propia ideología nacionalsocialista.

En su famosa entrevista con Hitler de 1923 se vería abrumado por los encantos de este, manifestando así que «una Alemania que hace nacer a un Hitler en sus horas de necesidad prueba que aún sigue viva». (Hamilton, 1971, p. 131).

Thomas Mann, un hombre contradictorio

Mann, afamado escritor germano, da la bienvenida a la guerra con su texto Politische Schriften und Reden (1914) y ratifica su punto de vista en
Friedrich Und Die Grosse Koalition
(1915) donde sugiere que Alemania garantiza su defensa violando la soberanía belga, como Federico el Grande lo hizo respecto a Sajonia en 1756 como medida defensiva. (Hamilton, 1971, p. 118)

Mann sería en los años sucesivos un enemigo de la República de Weimar y un nostálgico del Reich, estando relacionado brevemente a la Konservative Revolution hasta que en 1922 revisa su postura respecto a la República de Weimar y se compromete con ella como figura en su discurso de ese mismo año de título Von deutscher Republik.

Esta postura parece clara en casi 600 páginas cuando aparece el libro Betrachtungen eines Politischen (1918) donde diferencia entre artista e intelectual. El artista según Mann es un reaccionario, el artista es también bárbaro, no está con el progreso y es inmoral por definición.

Mann citado por Hamilton (1971) creía que el artista era un producto del espíritu alemán mientras que el intelectual era producto democrático de la civilización —una concepción evidentemente errónea— refiriéndose con civilización, sin duda alguna, a la ilustrada Francia que representaba los valores que históricamente Alemania combatía. (p. 119).

Pero a pesar de ser Thomas Mann uno de los referentes nacionalistas de la época de las entreguerras, fue un opositor al nacionalsocialismo y más concretamente a Hitler calificándole de «vagabundo extranjero». Se exiliaría junto a muchos otros.

Los primeros años del NSDAP y la coyuntura nacionalista

El nacionalismo estaba tan fragmentado políticamente como la República de Weimar, de modo que el völkisch resultó ser una variante no del todo popular en las entreguerras y que la victoria del NSDAP desembocó, por así decirlo, en el florecimiento del völkisch como parece sugerir el panfleterismo nazi.

Incluso esto sería así en el plano internacional, en tanto el propio fascismo y los movimientos fascitizados —el nacionalismo de entreguerras, en gran medida financiado por Mussolinirechazaban frontalmente el racismo nacionalsocialista inspirado en el romanticismo alemán. Hasta 1938 muchos movimientos nacionalistas ignorarían posturas de esta índole pero, con el tiempo, tendrían sus frutos en Hungría, Ucrania y Croacia. (Payne, 1979, p. 35).

Esto llevó a que algunos intelectuales estuvieran reacios a acercarse al nacionalsocialismo por su constante y cansino antisemitismo, que no necesariamente significa que otros fuesen antisemitas porque era un comportamiento regular en Alemania. Y lejos de eso, la primacía de lo étnico.

Según Hamilton (1971) el más destacado seguidor del völkisch, en ese contexto, sería el olvidado y pésimo poeta, o poetastro como lo califica el autor, Adolf Bartels. (p. 132).

Hitler lograría entrevistarse con Bartels en 1925 en el que se forjaría, por así decirlo, un cruce de intereses que no era compartido por otros sectores nacionalistas. Y a saber, Bartels representaba todo lo que era despreciado por esos sectores. Fuera de ser un autor deficiente, era lo que parecía ser un ególatra que buscó a lo largo del tiempo hundir la imagen de Heinrich Heine.

Paradójicamente, el impresionista Emil Nolde —cuyo antisemitismo era imposible de esconder— sería el primer artista en afiliarse al Partido y también represaliado artísticamente, en tanto sus obras fueron prohibidas. Se escudaría de esto, a finales del III Reich, para poder pasar desapercibido entre la nueva administración y poder impulsar su arte.

Médico, poeta y veterano

Otra de las figuras polémicas y sui géneris de la intelectualidad alemana era Gottfried Benn, a quien se le considera un heredero de Nietzsche en muchos puntos.

Benn, de forma idéntica a Mann, defendía el irracionalismo como fuente de producción artística y consideraba al intelectual como un cínico, un asocial y que este no debe pretender ser de otra forma. (Hamilton, 1971, p. 176).

Su adhesión al nacionalsocialismo no queda del todo clara, aunque lo más seguro es que haya estado motivada por su sesgo anticomunista. De cualquier manera no solo aborrecía el marxismo, sino que había sido víctima de ataques de las izquierdas locales por sus posturas.

Y no cabe duda que artísticamente quedaría relegado a la nada, siendo Rosenberg quien controlaría estas acciones; de modo que el expresionismo nunca se declara de interés nacional, ni vanguardia oficial.

Al final, Benn, que en principio se sintió entusiasmado con el III Reich, terminó adhiriéndose al ejército a modo de exilio. Hitler cerraría los constantes ataques públicos que tuvo, en donde se le había imputado ser homosexual y judío.

Hitler le consideraría, pues, un ejemplar nacionalsocialista desde 1933. A pesar de esto, tendría prohibición para publicar en 1938.

Un dramaturgo reaccionario

Veterano austríaco de la Gran Guerra, la relación de Brennon con los nazis empieza una vez se relaciona con Goebbels.

Cuando escribe la novela de título O.S en 1929 comienza a ser repudiado por los expresionistas menos reaccionarios cuando Goebbels en Der Angriff hace una reseña favorable de la novela por el obvio patriotismo mostrado en ella, declarando que es como si «fuera escrita por todos nosotros [los alemanes]». (Hamilton, 1971, p. 171).

Su relación con Goebbels se intensifica más cuando comienza la biografía del veterano freikorp Gerhart Rossbach, al que se le consideraba cruel, psicopático y adicto a la violencia. De aquí en adelante, Bronnen introduce a Goebbels en los círculos literarios y comienza a conectarle en beneficio del Partido nazi.

Pero a pesar de sus intereses en el nacionalsocialismo, Bronnen no sería indiferente a la Unión Soviética y se vería atraído por Niekisch y el nacionalbolchevismo. Incluso trataría de concertar reuniones sin éxito con Goebbels.

Pasaría mucho tiempo con perfil bajo, aunque en 1933 sería un firmante de Gelöbnis treuester Gefolgschaft o Proclamación de lealtad de los escritores alemanes.

La hermana nazi de Nietzsche

Nietzsche había roto la relación con su hermana a raíz de desaprobar el matrimonio de esta con el conocido antisemita Bernhard Förster. El sujeto, todavía de forma más triste, terminaría suicidándose.

En Nueva Germania, Paraguay, un grupo de familias alemanas, buscarían demostrar la supuesta superioridad de la raza aria fuera de la interferencia de los judíos. No solo es un estrepitoso fracaso el intento de colonización, sino que el promotor de la idea no desea vivir con la carga y se quita la vida.

La viuda compartía los mismos prejuicios y esto, con el tiempo, la hace una furibunda nazi en su vejez. Afiliada al Partido nazi, contribuyó a tergiversar más todavía la obra de su hermano como se demostraría posteriormente y ajustarla así a los postulados del nacionalsocialismo.

No era propiamente parte de la intelectualidad, ni tenía obras, pero al poseer la biblioteca y jurídicamente la obra de su hermano, tenía cierto renombre en círculos intelectuales que se jactaban del culto y la influencia de Friedrich Nietzsche.

Fallece en 1935, logrando ver la victoria del nazismo. A su funeral asiste, nada más y nada menos, que Adolf Hitler.

Los ideólogos del nacionalsocialismo

Sería insultante, bajo cualquier excusa, reconocer a Streicher, Rosenberg y compañía como intelectuales, al menos en el sentido real y consciente de la palabra.

Pero su inclusión, no obstante, atiende a explicar el inicial marco teórico del nacionalsocialismo. Sus concepciones sociales, económicas y políticas carecen de lucidez y hoy día, no se les suele considerar bajo ningún concepto.

En ese sentido, esperamos comprensión de los lectores y que esto se vea como un abordaje hecho sobre tales figuras.

Aunque no representan la intelectualidad propiamente dicha, son los pensadores e ideólogos del nacionalsocialismo y deben ser expuestos aquí, siempre y cuando se haga con las reservas ya mencionadas.

Un propagandista y furibundo fanático antisemita

A diferencia del temprano Hitler, Streicher era un fanático en lo que al antisemitismo respecta. De hecho, pertenecía orgullosamente a Schutz und Trutzbund que era un movimiento etnicista de gran envergadura. Proveería integrantes de las asociaciones a las que pertenecía tras unirse al NSDAP.

Junto a Rosenberg tiene un papel privilegiado en el Partido nazi en cuanto a la difusión del antisemitismo, de manera que su extremismo en principio llegó a eclipsar a la propia aversión a los judíos, todavía limitada, que tenía Hitler.

Streicher, que ya era editor de Der Stürmer, solía increpar a Hitler sobre la manera de abordar la cuestión judía con rapidez y poner sobre la mesa la ciudadanía alemana de los judíos. Para Hitler, según Hamilton (1971) no era el tópico más inmediato en los primeros años políticos del NSDAP.

Difícilmente se le pueda integrar dentro de la intelectualidad real pero debe reconocerse su labor histórica respecto al viraje ideológico del NSDAP, aunque el antisemitismo tenga fuente, realmente, en Chamberlain.

El origen del nacionalsocialismo

El primer partido con esta etiqueta, realmente, se fundó en 1898 quizás influenciado por la consigna acuñada por Barrés en Francia en unas elecciones ese mismo año. Es así como en Bohemia, en el Imperio austrohúngaro, surge el Partido Nacional Socialista Checo. (Payne, 1979, p. 24).

Le sigue, en 1903, el Partido Nacional Socialista Francés de Viteri y un año después, el Partido de Trabajadores Alemanes de Bohemia al que se une Rudolf Jung, ingeniero civil, en 1909. Este partido bohemio, de hecho, sufriría una escisión con el final de la Primera Guerra Mundial al surgir Austria y, simultáneamente, Checoslovaquia.

Jung sería un activo colaborador del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán —nos referimos al de Checoslovaquia— , sucesor del PTA austrohúngaro.

De acuerdo a von Kuehnelt-Leddihn (1948) tras establecerse en Múnich, comenzaría a colaborar con el Partido Alemán de los Trabajadores y propone, de hecho, el nombre de Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán que es el que termina por utilizarse mientras que Hitler proponía el nombre de Partido Socialrevolucionario. (p. 356).

Sin embargo, Jung propone un cuerpo teórico previamente desarrollado por él y que, por muchos motivos, es desconocido. Se trata de la obra titulada Der nationale Sozialismus: seine Grundlagen, sein Werdegang und seine Ziele (1923).

Sin mencionar su futura labor, casi siempre organizativa y honoraria, en representar a los nazis en Checoslovaquia tras la Crisis de los Sudetes y la anexión formal de la misma.

Los mitos del siglo XX

De origen estonio, cursa sus estudios en Riga y en Moscú hasta que es forzado a volver a Alemania tras el ascenso de los bolcheviques. Esto crea en Rosenberg, ya influido en Chamberlain, un fuerte sentimiento antibolchevique y, además, antisemita.

En 1919 se une al que todavía no sería el NSDAP y comienza su actividad, centrándose en publicaciones de carácter antisemita. Publica Auf gut Deutsch y denuncia ahí el judeobolchevismo, siendo un punto clave en la ideología temprana nazi.

Su obra más conocida, de tantas que tuvo de carácter irracional, fue Der Mythus des 20 Jahrhunderts o Los mitos del siglo XX publicada en 1930. Una obra considerada, casi por consenso, completamente absurda e incoherente pero que le valió, a pesar de la negativa de Hitler y otros jerarcas, cierto renombre.

Pasará al salón de la infamia ya no por su grotesco antisemitismo, sino por promover la infame Solución final. Es sentenciado a muerte tras ser procesado en Núremberg.

Dietrich Eckart (1868-1923)
Vieja guardia nacionalsocialista

Eckart como Drexler es uno de los mentores de Adolf Hitler, el cabo veterano de la Primera Guerra Mundial. Acostumbrado por años a escribir todo tipo de parafernalia antisemita, ya publicaba en su proyecto Auf gut deutsch.

Pero lejos de ser uno de los primeros del Partido Obrero Alemán, también ejerció de ideólogo, propagandista y hasta de tesorero para financiar los esfuerzos del Partido.

Se encargó de conectar a Adolf Hitler y hasta su muerte, en 1923, dirigió la redacción de Völkischer Beobachter.

A diferencia de los anteriores, no tuvo una obra teórica pero su praxis fue, en esencia, fundamental como el cuadro que fue en la ya denominada vieja guardia.

Feder es una figura trascendental en el nacionalsocialismo temprano, pues no solo funda el Partido sino que también establece sus premisas económicas en su fase más primitiva.

El programa de los 25 puntos que redacta junto a Drexler y Hitler tiene una gran influencia de él, evidentemente pueden notarse los criterios que mantendría con el tiempo y que irían, naturalmente, contra el NSDAP hitleriano.

Su obra más importante, lo que puede distinguirle de los anteriores pese a sus metafísicas posturas, es el Manifiesto contra la usura y la servidumbre del interés del dinero en 1919. Otra obra de gran importancia es La ciudad nueva de 1939 donde clama por una ciudad jardín idílica.

En resumidas cuentas, Feder propone la abolición del interés del dinero, sugiere que el dinero no tiene valor por si mismo, declara que la banca privada debe abolirse y confiscar todos los bienes que no sean producto del trabajo —lo cual figura en el olvidado programa nazi— así como la premisa de que la economía debe estar, en realidad, al servicio del hombre.

Ein Volk, Ein Reich, Ein Führer

Puede sorprender de forma inmediata que se mencione a Adolf Hitler pero implicando que la sección de ideólogos excluye, de alguna manera, la intelectualidad, es lógico que entonces tenga lugar en este título.

Es decir, Adolf Hitler representa el viraje del nacionalsocialismo temprano, o primitivo, al nacionalsocialismo del Estado racial que bien encaja con las posiciones de Eckart, Streicher y Rosenberg.

Mi lucha (1925) es, en primer lugar, una autobiografía por dinámica pero también tiene un componente ideológico grande que madura el etnicismo de los nazis y el abandono, a su vez, del nacionalsocialismo primario.

El apoyo de los industrialistas, sepultar a los demás movimientos nacionalistas y crear la antítesis de los programas del nacionalsocialismo desemboca en otra realidad distinta a la prevista.

La continuación del artículo

Por la naturaleza del artículo, y el formato del que nos valemos en Academia Play, es necesario dividir el artículo en partes y por esta razón, podrá notar el amable lector que seguramente falta parte de la amalgama de intelectuales de la época.

Así es, de modo que en el resto de las partes de esta serie se contemplarán tanto los intelectuales, e ideólogos, del período de la República de Weimar como los que, finalmente, operaron en el III Reich con y sin beneplácito del Estado nazi.

Animamos, pues, al lector indicándole de la existencia de una continuación para poder nutrirle todavía más en el contexto de la vida intelectual en el período de las entreguerras en Alemania, en la República de Weimar y en el III Reich.

A propósito de este convulso período, y del nacionalismo de entreguerras, proponemos nuestra previa interpretación del fascismo y su cuerpo teórico.

Bibliografía:
  • Hamilton, A. (1971). La ilusión del fascismo: Un ensayo sobre los intelectuales y el fascismo 1919-1945. Barcelona: Luis de Caralt.
  • Griffin, R. (2019). Fascismo. Madrid: Alianza Editorial.
  • Harris, A. (1942). Sombart and German (National) Socialism. Journal of Political Economy,50(6), 805-835. Retrieved May 19, 2020, from www.jstor.org/stable/1826617
  • Nolte, E. (1979). El fascismo. De Mussolini a Hitler. Barcelona: Plaza & Janés Editores.
  • Payne, S. (1979). El fascismo. Madrid: Alianza Editorial.
  • von Kuehnelt-Leddihn, E. (1948). The Bohemian Background of German National Socialism: The D.A.P., D.N.S.A.P. and N.S.D.A.P. Journal of the History of Ideas,9(3), 339-371. doi:10.2307/2707374