Entramos en el periodo que va de 1814 a 1820.

España ha conseguido expulsar a los franceses. Además, gracias al buen hacer de la diplomacia, dos enemigos históricos irreconciliables como España y el Reino Unido se pusieron de acuerdo para combatir juntos contra Napoleón. Fue sin duda una alianza difícil, tensa y plagada de riesgos, sobre todo para los españoles. El Reino Unido no prestó auxilio a España por bondad, desde luego, sino por contener el avance militar de Napoleón por Europa, y liberalizar el comercio, tema que preocupaba, y mucho.

La península ibérica había quedado arrasada tras la Guerra de Independencia española (1808-1814). Una nación desangrada había recuperado su libertad a cambio de un precio muy alto.

Anulado el gran Napoleón, en Europa se restaura en gran medida el Antiguo Régimen, eliminando algunas de las conquistas ideológicas conseguidas por la Revolución Francesa. Con Fernando VII regresa el absolutismo. Su política en América es la de la represión total de los núcleos rebeldes, restándole gravedad a un grave asunto que había cogido una inercia imparable. La primera ayuda enviada desde la península estuvo compuesta por 10.000 hombres al mando del general Pablo Morillo que venían supuestamente a «pacificar».

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