La época victoriana fue una era de enorme esplendor industrial y absoluto poderío del Imperio Británico, pero también un monumento histórico a la hipocresía. Bajo una fachada inquebrantable de moralidad, recato y buenas costumbres, la sociedad escondía una cruda realidad: explotación infantil severa, prostitución masiva, crueles leyes de pobreza y un imperio construido sobre el narcotráfico internacional de opio.
Como refleja muy brillantemente la novela de Jekyll y Hyde, los victorianos vivían escindidos entre la respetabilidad pública y sus instintos reprimidos. Esta dualidad no se quedó atrapada en el pasado. Hoy somos sus herederos directos; nuestras redes sociales funcionan como el nuevo escaparate victoriano donde mostramos una vida perfecta mientras ocultamos nuestras propias sombras.
A pesar de sus grandes monstruos, esta misma sociedad puritana sentó las sólidas bases del mundo moderno, impulsando la alfabetización y algunos derechos. Entenderlos es reconocer la máscara que todos seguimos llevando cada maldito día.
Por Javier Rubio Donzé